Encuentro Literario con Antonio Capilla

Nuestro próximo encuentro literario será con Antonio Capilla  el próximo miércoles 24 de Junio a las 20:00 horas. Tendrá lugar en la Sala de la Palabra del Teatro Liceo gracias a la colaboración de la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y Saberes.

CARTEL ANTONIO CAPILLA WEB cubo

antonio capilla
Antonio Capilla Loma, sevillano de nacimiento y madrileño de adopción, reside en Pozuelo (Madrid).
Es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid y Diplomado en Magisterio, especialidad de lengua y literatura españolas.
Ha sido profesor de lengua y literatura españolas durante 37 años. Desde su juventud cultiva la creación poética.
Es socio del Ateneo de Madrid, del Ateneo Blasco Ibáñez y de otras destacadas instituciones literarias. Además de colaborar en revistas y antologías, ha prologado varios libros y participado en recitales de poesía por diversas ciudades de España y Portugal.

Entre otras obras ha publicado: CANTOS DE LA INFANCIA Y DOCE POEMAS DE AMOR, Comunicación Literaria de Autores, Bilbao, 1985; Y EL CORAZÓN AL VIENTO, Edición de autor, Madrid, 1991; VIENTO DEL SUR, Huerga y Fierro Ediciones, Madrid, 2009; EL FUEGO EN LA PALABRA, Huerga y Fierro Ediciones, Madrid, 2012; EL ÁGUILA DE FUEGO CON LAS ALAS DEL TIEMPO, Huerga y Fierro Ediciones, Madrid, 2013; LÚA, Editorial Lastura, Madrid, 2013.

Algunos de sus poemas se pueden leer en el blog del autor LA VOZ QUE NADIE APAGA, en diversas antologías poéticas: Arte fénix, Antología de poesía universal, Poetas para el siglo XXI, Poetas andaluces contemporáneos, Poetas del 15 de mayo, Poesía solidaria del mundo, Poetas en la red, Poetas andaluces de ahora, Poetas de Ahora. Así mismo ha publicado en revistas literarias: Escritores en Red, Azahar, Álora la bien cercada, Imán, Alambique…
En proceso de edición con Lastura una antología bilingüe, español y portugués, que llevará por título CON EL TAMIZ DEL TIEMPO




AntonioCapilla

Textos:

¡FLORES DE KATMANDÚ, CUBRID LA TIERRA!
(Inédito)

Por las herzianas ondas
llega inmenso el espanto
de una mujer, de un niño,
de un hombre que eres tú
de un hombre que soy yo.
Su duelo es el alud
que sabe de zozobras
que sabe de amarguras
y que por sí me alcanza
en su extremo dolor.
¡Flores de Katmandú, cubrid el valle!
Orquídeas, jazmines, rododendros...
amortajad los cuerpos de las víctimas
hundidas en la tierra con horror.
Nepal, tu sufrimiento
es foco que ilumina
la compasión, aguja
que la brecha sutura
con la fuerza del rayo.
Con pasión he querido proclamarte
nombrándote en mil formas, compasión.
Y al nombrarte me sabes a Nepal
y tu nombre me alivia y me consuela
que humano sentimiento solidario
y alivio de Nepal es compasión.
Y no puedo ni quiero pronunciar
tu nombre quebrantado sin tristeza
que la pena por quienes han caído
sepultados en vida es compasión.
Necesario a tu llaga es el ungüento
de nuestra mano amiga y mi exigencia
por no poder mirar, Nepal, tu angustia
sin que todo me mueva a compasión.
Compasión, aguja
que la brecha sutura
con la fuerza del rayo,
a tu amparo se acogen
una mujer, un niño,
un hombre desvalido
en el techo del mundo.
Testigos del dolor
orquídeas jazmines rododendros
mostrad su llaga abierta.
Heraldos de la vida
de la esperanza perlas
abiertos corazones
¡flores de Katmandú, cubrid la tierra!


DEDICADO A MI MADRE
(En “Y el corazón al viento”, Edición de autor, Madrid, 1991)

Cae de noche la tormenta
agua y fuego... fuego y agua...
Fuego y llaga de agonía,
agua y llanto de tormento,
si Cristo mujer naciera
fueras Cristo, madre mía.
Herida de amor callada,
abierta herida de amor
que anegas barro, cemento,
piedras de mi humilde hogar,
el Silencio te encontró
compañera a su medida
y junto a tu lado va.
Y nos habla el sentimiento
por tus obras femeninas,
y encarnose todo el verbo
en tu entrega maternal,
y trocose en un altar
la casa en que yo vivía.
Si del vaso colmenero
jamás se extrajo el acíbar,
el acíbar si va al vaso
amarga la miel más fina.
Y así en tu cuerpo ligero
hurgaron penas umbrías
que abrasándote el costado
te consumen noche y día.
La Sombra escucha tu llanto,
tu inconsolable dolor
porque lloras por tu hija.
¡Qué pena!, dolor y pena
fuego y fuego de agonía
por mi hermana que murió.
Agua y agua doloridas
te brotan del corazón.
Un ángel mira a la Tierra
y al ver tan grande aflicción
llora lágrimas de estrella.
Y en la noche también yo
te escucho gemir.
                              ¡Ay!, Viento,
¡ay, quién pudiera en tu lomo
volverle la espalda al tiempo!
Lluvia, rayos, agua y fuego,
dolor y llanto, Lamento,
inundan mi habitación.
Dolor de madre, Silencio,
que su niña, que su aliento
como brisa se quedó.
¡Qué aciago llanto!, Agonía,
que su niña, su alegría,
como el rayo se marchó.
¡Qué amor tan grande!, Tristeza,
que de pena, ¡ay!, de pena,
de tristeza, de silencio,
de agua y fuego se quebró.

 
PORQUE TÚ TIENES TEMPLE DE MUJER
(Inédito)

Erguida, enhiesta, firme,
esbelta y compasada
por las brisas marinas
socavas la bóveda del cielo
en incansable afán.
Compañera del mar
de hirsuta cabellera,
te hundes en la arena y la sostienes
manteniendo esta fuerza
el infinito eterno que te llama.
Centinela del tiempo,
eres Antorcha Olímpica
vencedora del sol y la tormenta,
del viento huracanado y el ciclón...
Y eres espiga que en el talle cede
cuando el hado golpea sin piedad
para volver a erguirte siempre
porque tú tienes temple de mujer.

 
LUMINOSA CRISÁLIDA
(Inédito)

Has llegado desnuda
luminosa crisálida
alumbrada en la mente.
Y contemplo en tu piel
con tus ojos de luna
con tus ojos de luz
la imagen de otro mundo
que sin embargo es nuestro.
Interpelo tu acento
y el latido está en ti
que nos mueves al pálpito.
Estridor de las alas
en tu canto de sombras
en tu canto de luz
eres tú la cigarra
que nos tienes alerta.
Doncella de los sueños
te asemejas a un grillo
que no quiere dormir.
E iluminas la carne
con tus mágicos élitros
con tu canto infinito.
vestal bella, ¡tan bella!,
que en tu seno me alcanzo.

 
CUÁNTO AMOR
(En “El fuego en la palabra”, Huerga y Fierro Editores, Madrid, 2012)

Cuando la desazón que me atormenta
ardiente víbora se ensaña en ti
la dulce réplica de tus pupilas
es para mí.
Cuánto amor en tus ojos y en tu pena,
cuánto amor en tus ojos me contempla...
Cuando la cólera que muerde mi alma
saeta pérfida se clava en ti
la triste súplica de tu mirada
es para mí.
Cuánto amor inundándome en tus lágrimas,
cuánto amor en tus ojos se derrama.

 
HERIDA LLAMA OSCURA
(En “El águila de fuego con las alas del tiempo”, Huerga y Fierro editores, Madrid, 2013)

Has nacido conmigo
y eres mi compañera,
inquebrantable y fiel
no me abandonas nunca.
Oscuridad y luz,
quietud y movimiento,
indisoluble eres
unidad bipolar.
Soledad clamorosa,
te amo y te detesto
con tu silencio. Solo,
me siento serte infiel.
Te huyo en mis palabras,
y me abro a los otros
como el puerto a otros puertos,
inalcanzable afán.
Herida llama oscura,
sangre viva en la fosa,
en tu infinita luz
eres noche en el día.
Pero al fin tú me envuelves
en amoroso lance,
y me miran tus ojos
y en ellos veo los míos.
Oh, llama oscura, sangre,
sangre viva en la fosa,
me miro con tus ojos
y en ellos veo los míos.

 
LÚA Y EL TORO AZUL
(En “Lúa”, Editorial Lastura, Madrid, 2013)

Lúa, ¿te gusta el mar?
Fíjate, se parece a un toro azul
con las fauces babeantes de espuma.
Lúa mueve el rabo y corre a la orilla.
Y el toro, acercándose, abre la boca
y le saca la lengua. Si será…
No tengas miedo, Lúa.
Pero, Lúa recula temerosa.
Entonces, muy torero,
me arrimo hasta poner
los pies en el hocico
del toro azul del mar.
Luego espero a que Lúa
decida hacer lo mismo.
Y del toro la espuma
nos salpica a los dos.
Y, ¡hay que ver la dulzura
que nos entra en el cuerpo!
¿Ves, Lúa, como el piélago
es bueno con nosotros?
Corre luego mi amiga
y saltando y brincando
acaba, zalamera,
haciendo carantoñas a su amo.
El mar bravío mientras
nos sigue pareciendo
un toro gigantesco,
el toro azul del mar.
 

TAL VEZ EN EL OCASO
(En “Viento de sur”, Huerga y Fierro Editores, Madrid, 2009)

Tal vez en el ocaso
te sientes junto al fuego...
Y pienso que, añorando
el tiempo que pasó,
tu ser enamorado
transido de recuerdos
las flores del amor
traerás junto a su lar.
Son flores renacidas,
primicias del hogar
que juntos construimos cada día,
el pálpito del tiempo
que amando transitamos,
los actos renovados
de nuestra mutua entrega compartida.
Yo sé que en el ocaso
azul continuará
de este mi amor el fuego
mientras me quede aliento,
el mismo que me nace
quemándome la carne
y tú me das.
Querida,
cuando la nieve anuncie
el alba del final,
y cuando el frío alcance
el sueño que soñamos,
un hálito de fuego
nacido de la entraña
del tiempo que ahora es nuestro
nos seguirá abrigando.
De puertas y ventanas
abierta la morada
la luz del nuevo día.