Benito González García



En los brazos de la noche


Entre los brazos de la noche caigo enamorado, inhalando el aroma de tus dorados y sedosos cabellos… perfumados de jazmines.
Nada detiene el deseo ardiente que cabalga hacia ti, en la impetuosa corriente de las aguas turbulentas, en cuyas orillas blancas, nace el bosque y se eleva el puente amarillo, por el cual vuela la carta de amor de este veraz mensajero.
Desde este lecho de silencios, puedo escuchar tus cantos de sirena que resuenan en los valles de mi alma, atravesando cimas, montes y vertiendo su sonido cálido en los abismos de un mar eterno, donde tu voz se hace inmortal.
Entre las ramas fértiles de la vieja encina, un celuloide de imágenes cae sobre mi, y mis dedos dibujan en la fantasia versos en tu piel.
La ruta, no termina donde devora el día la oscuridad que me lleva a ti, simplemente, lo cambia por anhelo. Y entre luces y vientos húmedos, llega a mí el siniestro murmullo de la razón:
- ¿Qué esperas encontrar en sus labios, viejo paladín de la ternura?
Y en humilde silencio, mi corazón, derramando una lagrima de amor, contesta:
- Poesía.