Encuentro Literario con Teresa Guzmán Carmona

Nuestro próximo encuentro literario será con la poeta Teresa Guzmán el próximo miércoles, día 10 de febrero a las ocho de la tarde. Tendrá lugar en la Sala de la Palabra del Teatro Liceo gracias a la colaboración de la Fundación Ciudad de Cultura y Saberes de Salamanca.


Teresa, nace en Don Benito en 1972. Estudia Filología Inglesa y posteriormente Magisterio, profesión a la que se dedica. Ha publicado en numerosas ocasiones: Poemas (1993), libro editado por la Diputación de Cáceres, Institución Cultural “El Brocense”, Amantes, (Julio-Diciembre, 1993) en el Boletín de la Real Academia de Extremadura, Poemas para un Collage (1995), Trilogía Poética “Colectivo Vbéritas” editado por el Fondo Editorial del Ayuntamiento de Don Benito, Correspondencia de Punto y Aparte, Núm. 3. Invierno 1999/2000, En las Márgenes del Fuego (2002), Los Visillos del Viento (2004) editado en los Cuadernos Literarios Porticvs, Ciudad Hotel (2009) editado en Los Cuadernillos de Intramuros. Miembro del colectivo Vbéritas desde sus inicios, su nombre aparece recogido en la antología llevada a cabo por Miguel Ángel Lama Diez años de poesía en Extremadura.1985-1994. Dirigió y estrenó su primera obra teatral en Don Benito. Ha merecido entre otros los premios Valbón, Certamen de poesía de Valverde de la Vera, Porticvs, Elvira Castañón, García de la Huerta, etc., quedando finalista en algunos otros.



PULSO COMPARTIDO
A María Moliner, equilibrio y fortaleza
Porque tú nunca estás del todo
he trazado una cartografía del silencio.
Ninguna brújula conoce
el secreto orden de tus puntos cardinales
cambiados a diario, al arbitrio y capricho de un destino
para el que nadie prepara.
Quizás los días terminen
arrastrando los restos de este derrumbe.
Quizás dejen, desnudas y a la intemperie
las únicas verdades que una vez
sostuvieron en pie esta ciudad.
También tú verás sus restos carcomidos por la sal.
Verás la herrumbre en sus cascotes
como si en verdad estuvieses mirando de frente
todos sus desengaños.
Y sabrás entonces que con ellos tendrás su perdón.
Todo lo que al final te quede.
Lo que el tiempo no lograra borrar.
Lo que te cosiste al alma y no se desprendiera.
Lo que conservaste con mimo para un lugar futuro.
Aléjalo de ti.
Porque una vez perdido su propósito
ya nunca volverá  a pertenecerte como creíste.
(De “Zapatos para pisar la lluvia”)

CREDO
Creo en las maletas precintadas
porque albergan una esperanza.
Creo en los que vuelven
a la acera desde la que se cambiaron,
porque el amor no es asunto modas.
Creo en los postigos que se cierran
como una forma de asedio,
porque el silencio es el único bien
que no podrán arrebatarnos.
Creo en las vidas que se tatúan
para siempre con un único nombre,
porque éste bastará para imaginar
las mil y una maneras de hacerlo necesario.
Creo en los “imprescindibles” de mi vida,
porque éste será el único título que podré otorgarles.
Creo en las habitaciones de hotel
en las que estuve a solas,
porque allí conocí a alguien
que nunca creí haber sido.
Creo en todos los mapas que quemé en el fuego,
porque me bastaba con cerrar los ojos
para poder encontrarte.
Creo en el folio en blanco
que me paso por la cara,
porque fue mi sudario
en este lugar al que no pertenezco
y que nunca me perteneció del todo.
Creo en los rostros que se mezclan,
en todas las leyes de la probabilidad
que me trajeron hasta aquí,
en todas las verdades desnudas
y las mentiras bien narradas,
porque ¿de qué otra cosa
si no es de la ficción,
se alimenta el hombre?
(De “Todas la razones para la huida”)

EL PASEANTE DEL MALECÓN
  A Santiago Castelo, la sombra alargada de todo lo que deja.
Será un día más, tú bien lo sabes,
en este reino que aspira a la ceniza
mientras muda de piel una y mil veces
reinventado el engaño de lo eterno.
Seguirá colándose la luz sobre el malecón.
Seguirán los muchachos
lanzando sus cuerpos desnudos al agua.
Y en otras latitudes,
bajo un cielo profundamente amplio,
varearán los olivares
con el ardor de quien se abraza a la tierra.
Ahora te oirás a ti mismo con una voz más íntima.
Tendrás al fin las palabras exactas
en un reino donde el tiempo no existe.
Y tu frente coronada de laurel
lucirá el premio de los justos,
de los eternos, de los siempre nombrados.
Será un día más, amigo, pero tu sombra imponente
alargará el espacio de todo lo que dejas
tatuado en la piel de los que aguardan el regreso.
INSUFICIENCIA
Debiera bastarnos con esta verdad,
y sin embargo una ventana con la luz apagada
muestra a un hombre desnudo
que ha dejado revueltas las sábanas
como signo de protesta.
La muerte es como la noche,
una forma de no ser.
Va trazando sus brillos
en un espejo de niebla
que no reconoce reflejos ni sombras.
Esta es la danza que toca,
la de miles de “claxons”
que convocan una ceremonia
urdida por la prisa.
Quizá todas nuestras razones
fueran siempre pasto del humo,
quizá por eso existan tantas realidades,
y tantas aceras y tantos escenarios
en los que representar la misma obra.
EL MENSAJE
Ciento sesenta caracteres.
Ciento sesenta malditos caracteres que no te devolverán,
que no serán suficientes,
para tanta rendición y tanto ahogo.
Ciento sesenta caracteres multiplicados por seis.
Aunque tú no lo sepas,
son sólo el espacio de estar vivo.
(De “Soledades de Cadaqués”)
ESTAMPA DE NUEVA YORK
Amarillea el sol sobre las chapas del edificio Chrysler,
las calles rezuman vaho como salido de un espejismo,
y en atestados taxis alguien se apresura
a escapar del mundo anestesiado
de efímeras presencias con fecha de caducidad.
Desde la altura la noche ofrece
una constelación de neones
cuyo lenguaje es indescifrable.
“Welcome to Paradise” creíste haber leído en la autopista,
cuando recién llegado miraste hacia abajo con atrevimiento,
animado por el fervor peregrino
de quien lo reconoce todo.
Cambiar la identidad de un nombre
en una nueva ciudad en la que aguarda
el mismo viento y la misma lluvia.
Sólo la madrugada le concede el aspecto soñado,
la geografía de esta ciudad
es como la espalda de esas mujeres
a las que amaste y te olvidaron.
Lo único seguro es que también ella te olvidará,
como esos taxis que intercambian viajeros,
mudan la piel, pero el alma se les queda
prendida en las arrugas de sus asientos.
Esta ciudad borrará tus pasos
tras haberte convertido en un fantasma más,
después de que en alguna consulta un psicólogo
te convenza de que tampoco tú eres el origen del universo.
(De “Ciudad hotel”)